Resumen
En México y otros países de Latinoamérica, existe una preocupante doble carga de mala nutrición, que abarca tanto la desnutrición como la obesidad. Ambas condiciones, derivadas en parte de una alimentación inadecuada, afectan negativamente a la salud. La desnutrición impacta el crecimiento, desarrollo cognitivo y la resistencia a infecciones, aumentando la susceptibilidad a enfermedades agudas y crónicas en la edad adulta. Por otro lado, la obesidad se relaciona con enfermedades crónicas como la diabetes mellitus tipo II, enfermedades cardiovasculares e incluso la mortalidad. El consumo de alimentos no saludables, particularmente aquellos ricos en azúcar y grasas, contribuye a estos problemas de salud. En México, los patrones alimentarios se caracterizan por un elevado consumo de alimentos densos en energía y ultraprocesados, junto con una baja ingesta de frutas y verduras. Además, el aumento preocupante en la ingesta de bebidas azucaradas contribuye al incremento de peso corporal y del riesgo de diabetes mellitus tipo II y enfermedades cardiovasculares. Para abordar estos problemas, se requieren estrategias y políticas públicas respaldadas por evidencia científica y la participación de nutriólogos, no solo en la consulta clínica, sino también en la investigación sobre temas relacionados a la nutrición y alimentación. Su participación, impactaría positivamente en la salud pública y beneficiaría a una mayor cantidad de personas o poblaciones. A pesar de esto, lamentablemente, solo un pequeño porcentaje de los nutriólogos se enfoca a esta área.
